domingo, enero 04, 2015

La sombra y su hombre

El espejo y su doble
Estoy escribiendo una pieza para vinilo y pick up construida con sonidos residuales; más de lo mismo: ruido de la púa, zumbidos, scratches, estática, ruido del parlante. El vinilo tiene sonidos del tocadiscos previamente grabados que se mezclan con los zumbidos y scratches reales del tocadiscos en vivo (el reproductor tiene que ser un tocadiscos antiguo, a válvula, con ruidos y sorpresas); como resultado se forma un dúo entre el tocadiscos en vivo y su eco previamente grabado, en un juego de espejos acústicos (para expresarlo de una manera poética).  Los ruidos del vinilo previamente grabados suenan junto con las inesperadas ocurrencias del tocadiscos antiguo en vivo, siempre tan al borde de romperse, con sus ocurrencias tan inesperadas como previsibles en su nostalgia demodé.
La estética es trillada pero la idea del doble que se adelanta a su original es siempre fascinante: qué es primero si el original o la copia es imposible de decir, como si el original y la copia pertenecieran a dos dimensiones que se han desfasado y cobraron existencia propia, quasi simétrica. Y es en ese "quasi" donde está toda la gracia.  Como el actor que actúa de si mismo, el vinilo actúa de vinilo. Esta es una pequeña piecita tonta y filosófica a la vez. - Chupate esta mandarina Adorno! Y como frutilla de la torta, otra pequeña tontería que me llena de felicidad: apoyé una pequeña linterna  sobre el vinilo,  que cuando gira crea en la habitación oscura un efecto discoteque tan rudimentario como fascinante. Una obra para placer del filósofo y del bobo del pueblo. 

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