sábado, diciembre 20, 2014

Cadáver exquisito 3

Me gustaria llegar al pliegue mismo de mi cerebro desde donde estoy trabajando y donde estoy atrapada. Encontrar ese surco que me hace morir de alegría y de odio y hacer lo que hay que hacer con todos los huevos en la misma canasta. La suerte inmensa que tengo ahora es que no dependo de nadie, ya me convertido en mi “propio jefe” y temo que eso es un gran sillón para desparramarme en la actividad diletante. Las cosas necesariamente cambian todo el tiempo y están siendo otras en el mismo momento de escribir esto. El problema no es el cambio, que sucede, sino la cristalización constante de nuestro personaje, la cristalización de lo fugaz: por cuestiones sociales, o por que es mucho trabajo, o porque nos gusta la repetición. Me da risa la idea del cambio como valor agregado. Hay que cambiar, hay que moverse… ¿a dónde? ¿pa que? ¿por qué? Se cambia todo el tiempo porque no hay otra opción. Este proyecto nuevo, Música concreta, me esta costando mucho. Siento todo el tiempo mis límites. Como si mi cerebro, o mejor dicho, mi inspiración fuera un músculo sobreexigido. Este proyecto me martiriza. Las preguntas me matan. Creo que el trabajo de las linternas mágicas me lleva mas que a las artes visuales al bricolaje y la producción de música “electrónica” me acerca mas al software que al hardware de mi cráneo. Estoy trabajando en la grey area del bricollage y de los objetos encontrados; esta vez, no en una ciudad poética, llena de mingitorios prestos a ser autografiados, sino “objetos encontrados en un buscador y bajados de internet”. Schaeffer habla de Cage con profundo respeto como "ese bricolero", también se considera a sí mismo parte del club. Salvando las distancias, comparto el humor. Tal vez encuentre algún rincón en estos dilemas, algún escape a este mar de trabajo incansable, de preguntas molestas y de producción incierta. Pero tal vez no haya final feliz y todo sea un perdida de tiempo. El fracaso no solo es una posibilidad, sino que es la opción mas común aunque se disfrace de otras cosas, de experiencia, de proceso, de la incomprensión del mundo, de mal momento. Mis alumnos de yoga siempre hacen preguntas. Al principio me moría de angustia, porque pensaba que no sabia que contestarles. A veces hablan de problemas médicos graves o situaciones de vida complicadas. Pero ahora me resulta facilísimo, porque me doy cuenta, que en realidad nadie quiere hacer una pregunta. Todos quieren contar su versión de las cosas en forma de pregunta. Si la respuesta es blanco o verde da igual porque la pregunta ya contiene la respuesta. Y como dice mi papá es fácil ser psicólogo de los otros en este mundo. Lo interesante, es que por lo general lo que se expresa de los demás es lo que uno esta "performando" en vivo y en directo. Tengo un alumno, un señor mayor, que le parece un detalle que yo entienda tan poco de alemán…  y me cuenta cosas, algo del pie, de una montaña… le agradezco la confianza en mis capacidades extra-linguísticas. Me siento igual a este este señor alemán, escribiendo y reescribiendo “Música concreta” en un papel, que como mi oído alemán, se va borrando a medida que se escribe… habrá doble barra al final del túnel? No puedo decir que me gusta lo que escribo, pero no hay duda que me gusta escribir. Releyendo mi blog y este escrito, puedo ver con claridad este mundo de creencias que evidentemente me acompaña, conceptos como el de "ser compositor", "la doble barra" y las consecuentes ideas sobre el fracaso y el error; todos ellos temas pertenecientes a cierta generación. Cómo serán los niños del futuro? Cuando la gente dice que el futuro está en "el nuevo mundo" creo que tiene razón. Me encanta vivir en Alemania, más que en Argentina y mucho, muchísimo más que en Holanda, pero este país ya fué. Que es el viejo continente, no hay duda. No me molesta, hasta me agrada. Pero nada nuevo saldrá de aquí. 

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