miércoles, junio 22, 2011

Suburbano


En mi música actual las cosas suceden en los huecos, en los alrededores. La obra es un pedacito de un todo que no se muestra. Porque ese todo no se puede explicar, porque el pedazo que se muestra es también desordenado y fuera de proporción, lo que implica un total errático. Es como entrar en una habitación donde dos personas tienen una conversación empezada.
El contrapunto oblicuo que trata de unir las partes, pegar los sonidos, buscar el sentido segundo a segundo, incluye, como su nombre lo indica, oblicuidad… una mirada estrábica, que traza con sus pupilas desviadas un dibujo desparramado en el afuera de la obra.

Me gusta pensar que todo tiene sentido y unidad a partir de la emoción. Uno cuando escucha está en un presente permanente. Un presente en forma de microsegundo enquilombado que va mutando, que se va haciendo preguntas nuevas todo el tiempo, que se emociona, se aburre, pero que está siempre ahí.
Cuando se atraviesan los mundos paralelos la calesita emocional va girando, pero el corazón que gira es sólo uno.

No hay comentarios: