martes, junio 02, 2009

La función hace al órgano


La expansión de los instrumentos me lleva cada vez más a una música fuera de los instrumentos. A una música de gestos, de guiños, de expectativas, de pequeños ruiditos, de movimientos, de luces. A una música de instrumentos frágiles, cada vez más aún. Es como si las técnicas se hubieran expandido a una nada instrumental, donde paradójicamente el instrumento sigue siendo de alguna manera el protagonista, pero como una aureola. El recuerdo de lo que era reemplaza a la vivencia, pero no es un recuerdo basado en la nada, sino en prácticas que se alejan cada vez más como las estaciones de un tren que mira para adelante pero que sabe de su pasado.
Aureola de órgano, de timbal , de nota. Un recuerdo de algo que era una trompeta. Tengo la sospecha de que cuanto más borroneados los instrumentos, son más ellos mismos.
Los instrumentos van creando en mi necesidad de decir algo, un nuevo mapa acústico, de regiones borrosas y de gestos fuertes. Lo que permanece es la notación, que abrocha estas vaguedades en un discurso pentagramado, como una manera de darle entidad a lo efímero y salvarse de la desaparición.
Mi pieza para órgano y dos percusionistas va a ser una pieza de hilitos colgando, de ventiladores y aire en movimiento. Una pieza hecha casi con nada. Y surge como siempre la pregunta de cómo hacer posible la convivencia de objetos frágiles y dispersos en un marco que les de sentido. Como hacer que la nada sea consistente.
Tengo una carta en la manga, siempre la misma, como un mantra que me acompaña y me justifica. Esa carta son las estructuras rígidas: una arquitectura “sólida” que luego la llenaré de nadas, de espejitos de colores, de vaguedades y desasosiegos instrumentales.
Así que así voy por la vida, entre la calculadora y la metáfora, entre la organología de los instrumentos y la ley de los objetos encontrados.
Es como si escribiera una música de símbolos musicales donde los objetos han sido pulverizados y solo quedara un vocabulario deshilachado en función de una gramática viva.
Se me ocurre olvidar los instrumentos de a poco, pedirle a los luthiers que los vayan borrando, a los intérpretes que los extralimiten hasta la desaparición, hasta que se vuelvan pura función, pura esencia.

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