sábado, febrero 25, 2017

Música trans género

Estuve viendo algunas  películas de cine de Hong Kong y Taiwan y sentí que me estaban hablando a mi, directamente y a mi medida. Tan lejos y tan cerca, quien diría!

Pienso en "In the mood of love" de Wong Kar-wai, un culebrón donde no pasa nada y pasa todo. 
Lo que me gusta de la película, mas allá de la narrativa, la temporalidad, y mil etcéteras que dan para escribir una tesis, es el ojo que tiene el director, Wong Kar-wai, para hacer hermoso el caos y el desorden: un basural, la pequeña habitación de una pensión, el marco de una puerta; todo se transforma en un escenario esteticista donde se desarrolla este amor prohibido.

Pienso también en Bye bye Dragon Inn, de Tsai Ming-liang,  con su estética refinada de lo casual: la maravilla de la gotera, el asombro del callejón de basura, la visión irreal del cine desvencijado. Me imagino al director de fotografía horas y horas estudiando el filtro verde pálido para mostrar el piso sucio en todo su explendor: es una película decididamente estética.

Y es ahí donde resuenan estas ideas en mi la música, la que escribo pero sobre todo la que quisiera escribir, magnificado por esta ventana del cine oriental.



A mi me atrae lo precario, tal vez porque la precario ha sido siempre un estado de vida para mi. Nací en Argentina, un lugar donde todo esta atado con alambre, como nos gusta tanto decir. A nivel familiar, tenemos una larga historia de fragilidades, desvencijamientos y desvanecimientos. Ambos contextos no sin falta de gracia y de humor, que es lo que siempre nos salvo de cosas peores como la locura o el aburrimiento.

Debo reconocer que la cosa precaria, un poco así nomas, me gusta. Con respecto a la música, siempre acabo en una situación donde "precarizo" mis producciones: termino cargando 12 ventiladores en una bicicleta, transportando una colección de linternas mágicas en un viaje interoceánico, llevando un espejo en el tren de Amsterdam a Utrecht escondiéndome del guarda. Todo medio roto, medio viejo, a punto de romperse. Siempre encuentro cómplices y diversión, me resulta bastante fácil compartir estas "aventuras". 
Si soy sincera, debo decir que al final del día me da bronca, angustia y desazón cada vez que me meto en una de estas situaciones, pero inevitablemente  lo sigo haciendo, como si tuviera una relación fatal con mis materiales. Creo que hay algo de tipo psicoanalítico en estas decisiones.

Me siento cómoda en un estado de las cosas donde siempre estoy tomando el tren en el ultimo segundo. Paradójicamente nunca perdí un vuelo, un tren, una clase, never. Pero no estoy midiendo la efectividad sino la adrenalina que parece que necesito para hacer las cosas. Parece que necesito agregarle misterio e intensidad a los actos sencillos de la vida. Extreme emotion seaker, me ladró un ex-novio una vez. Si, tal vez, pero no del drama griego, pero si de la pequeña cosa.  

Volviendo al cine, me da paz y visión ver estas películas. Interpreto este cine como una forma de elaborar la precariedad desde el absoluto control, y así, siguiendo este camino, tengo la esperanza de suavizar algunos cortocircuitos en mi obra y tal vez en mi vida. Ja, ja, ja, todo suena muy diván, sí, me doy cuenta.

Mas allá de internarme en un psicoanálisis de la banalidad y mis pequeñas estrategias de supervivencia, o mejor dicho de diversión existencial, me interesa mas reflexionar sobre los materiales musicales que utilizo y por que. (A ver Ceci si podemos darle una vuelta de tuerca a todo esto porque me está cansando esto de ir con un ventilador a todas partes).


Que es lo que me va a salvar de la precariedad? La eficiencia. Llevar la precariedad al punto de obsesión férrea, documentar la falta hasta que sobre, extenuar la fragilidad con rigor. Esta es mi mi estrategia. Será verdad? En el cine funciona. 


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 Concierto espontáneo a través de la ventana de mi habitación en Temperley