domingo, diciembre 27, 2015

Locura inducida

Estoy escribiendo mis piezas basadas en Schumann y por la ventana veo su mismo barrio unas centurias mas tarde. Me encanta Düsseldorf, por lo feo y por lo lindo. Al principio me parecía una ciudad espantosa y ahora cada día la quiero mas, me gusta de verdad. A diferencia de Amsterdam que es bonita de entrada y se va afeando cada día que pasa. Buenos Aires es siempre un misterio, que país de locos. Visto desde afuera no se entiende nada, y desde adentro me imagino que menos. Me parece que nadie sabe donde está parado, pero con una convicción tremenda. Y al final del día eso es lo que cuenta, porque cuando los sistemas funcionan nadie se los cuestiona y viene el vacío... nadie le presta atención al tren cuando viene a horario.

Volvamos acá.

Las piezas que escribo son para dos tocadiscos que están reproduciendo cosas parecidas. Se me parte la cabeza cuando las cosas suenan juntas. Hay una especie de armonía dada por la musica de Schumann, la tonalidad y el orden de un lenguaje conocido, como la música del siglo xix, pero cuando los tocadiscos suenan simultáneamente es una cosa literalmente de locos, una confusión inducida. El cello y el violín, reales, siguen respectivamente el sincro con los tocadiscos, en un juego de duplicados y de creencias. La pieza es un mini caos, el fracaso de la tonalidad, que cuando fracasa, triunfa. Suena mucho mejor en palabras de lo que es, tal vez por exceso de laboriosidad, es una pieza modesta. Igual me gusta lo que hice, porque te produce angustia un poco cuando la escuchas...  no es cualquier caos, es "ese" caos.

Es un pequeño homenaje a Schumann...
Homenaje: el principal homenajeado es siempre el que lo hace, nunca el que supuestamente lo recibe, que, como en este caso,  no sólo no tiene manera de enterarse, sino que si pudiera, no estaría muy contento o hasta disgustado.

Una vez, hace mucho tiempo,  la madre de un alumno de jardín, para el día del maestro me regalo un retrato que me hizo de memoria. Era mi cara, sin duda, pero potenciada por una mirada, yo diría, maligna. Pensaría lo mismo Schumann de mi si escuchara mi música?

Ay de las citas, de las transcripciones, de los homenajes! Ay de los que decimos amar!