martes, febrero 18, 2014

Conurbano


Siesta de autos.

Internet

On

Contraste

Diagonal

Lujo

Monet

Agua y cielo con antena

Vamos todavía!

Simetría

Viene el bondi...
...peinado por el sauce y el sol


Prohibido prohibir

Matecito's

Muchas gracias!

Instalación

Alegría sin prisa ni pausa... (chiste para músicos)

Forever

Expertos

Alta en el cielo

Nostálgico
Guarda el hilo!


Esperando la ocasión
Lo dice Gloria de las Casas...

cincuentenario, en 10 minutos.

amor amor


lunes, febrero 03, 2014

Nac & pop

Oído al pasar en Buenos Aires...
"Le voy a dar tantas patadas en el c... que no va a tener más c... para seguir recibiéndolas"
Sepan disculpar el lenguaje, pero sería para pensar un rato si la furia no fuera tan inmediata!

sábado, febrero 01, 2014

Mañana


 La acumulación de eventos hace que una obra parezca larga, porque el tiempo pasa de forma significativa: es un tiempo que está lleno de cosas. Y claro, sí, sí, sí! Este tiempo interactúa con el espacio. No es lo mismo un espacio despojado, vacío, que un espacio poblado de objetos, polifónico, de capas superpuestas. En todas mis obras hay una gran acumulación de cosas. A simple vista son minimales, ya que las cosas están ordenadas, obsesivamente controladas, pero los gestos, objetos, ideas son muchas, demasiadas,  agobiantes. Lo que a simple vista parece austero se transforma en una estética barroca, sobrecargada de cosas. Me doy cuenta de esto cada vez que organizo una producción y tengo que cargar los objetos físicos para los conciertos.

 Siempre me ha interesado la síntesis, tal vez por una cuestión de supervivencia del lenguaje, para que las obras no implosionen bajo la densidad de su excesivo peso.
No me queda otra.
Voy desparramando las cosas no solo en el espacio, sinó en el el tiempo. Y parecen pocas cosas.

 Me imagino la escritura de la música, como alguien que escribe una novela llena de personajes y situaciones, en un rollo de papel que va girando constantemente. La novela se va ramificando en sagas y derivas constantes. Ya no sabemos de donde veníamos.

 Me imagino la escritura de la música como un dibujo extendido en un papel siempre móvil. El dibujo es siempre un puntito inmóvil pero inquieto, reconstruido en formas fragmentarias por la memoria.

 Me gusta la idea de una música en analogía con algunas novelas de Aira, donde el escritor se olvida de los nombres de los personajes en la deriva de la escritura, o se olvida de su sexo (si era hombre o mujer); o directamente se los olvida completamente en el medio de la trama y pasa a otra cosa así nomás.

Por eso me disgusta el ABA, el ritonello.