
Estoy trabajando en una nueva pieza para clarinete y linternas mágicas. Es la remake de una obra que había trabajado con la artista Ida Lohman (+)
http://www.ceciliaarditto.com/videos/zand.html
La imagen proyectada son tres triángulos blancos que se van “llenando” de arena (zand en holandés). Termina la obra con la pantalla negra.
Cuando era minimalista feldmaniana, allá por el 2004, escribí una versión de esta obra para trío variopinto: flauta contrabajo, trombón y viola; una obra, entonces, que estaba basada en el mini detalle: los granos de arena cayendo en los triángulos, la hiperestructura compleja de la pieza apoyada en pocos sonidos, casi inaudibles... una verdadera sutileza.
Esa obra me sigue gustando muchísimo (soy bastante indulgente conmigo misma con respecto a lo que escribo en el pasado); pero ahora estoy parada en otro lugar totalmente distinto. La remake de Zand, para clarinete y objetos tiene otro aura.
La imagen se conserva: tres triángulos blancos que se van llenando progresivamente con arena durante cuatro minutos. Pero la música tiene otra lógica.
La idea es establecer una correspondencia entre imagen y sonido al comienzo de la obra, que a medida que va transcurriendo el tiempo se va quebrando.
El clarinetista toca en la oscuridad y comiena acompañando la imagen con una música en sintonía "becketiana", pero luego empiezan a pasar cosas en esas bambalinas de la luz apagada que se desprenden de la integración imagen-sonido en estilo: los músicos hablan y se ríen, se prende una radio, alguien comienza a trasvasar arroz en frascos, imitando lo que ve en la pantalla. Todo sucede en la oscuridad.
Termina la obra con la imagen en negro total: apagón, pero con unos segundos extra de diversión en bambalinas. El juego del sonido es poético, no circense (el mundo del sonido no es tan feldmaniano, pero definitivamente calvinista). Y los nuevos sonidos son bellísimos, pero vienen de un mundo distinto. Digamos, una sutileza también, pero de otra índole.
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