martes, agosto 02, 2011

En mi barrio no pasa naranja...

Me encantan las maquinolas, el mundo mecánico y análogo en todas sus variantes, estos bichos me encienden: audio, luz, acción! Hasta me emocionan los ventiladores y el molinillo del café. Me encanta la tele en sí misma, aunque esté apagada.

Me pierdo en una búsqueda literal de objetos en los mercados (reales y virtuales) y debo decir que desarrollé una habilidad especial para acumular bartulerío (el gen argentino!). Pero pasa un tiempo y extraño, me siento vacía. Miro mi preciosa colección en crecientes estantes en mi estudio en Diemen y pienso… y ahora qué?

Es que la búsqueda literal de objetos es una contrapartida de la búsqueda espiritual de materiales sonoros o mejor dicho de lógicas sonoras…



Para nosotros, los nacidos en pleno siglo veinti, el tema de los mercados de técnicas musicales es la mayoría de las veces una elección a consciencia: se decide trabajar con texturas, con el sonido, con material tonal, con poca nota, con mucha, con casi todas... Y cómo se fundamenta esa decisión? Con un contundente "Por qué si" , o porque estudie en determinado lugar y no en otro, o porque me gusta la música de alguien en particular, o por el engañoso: la obra me lo pide. Y nunca la respuesta será: porque me impregné de la música que se hace en el barrio, como le pasaba a Mozart o a los Pibes chorros.