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Hay momentos en la vida en donde se rompe el coloquialismo cotidiano y uno necesita hablar en lenguaje metafórico. Es como cuando uno se enamora, o se enfrenta a momentos intensos de la vida (buenos o malos, la intensidad no tiene signo), o como cuando por un ratito la música sucede. No es poca cosa.
Estoy emocionada. Estoy escribiendo una música que no puedo explicar, pero la estoy haciendo, esta ahí. Es un teatro oblicuo, discreto, de pequeñas cosas que se cuelan y van rompiendo la continuidad. Un teatro muy melancólico pero con chistes para reirse "out loud". Un teatro musical existencial pero a la vez de barrio. Es dificil de definir porque estoy en el medio de un proceso que yo misma no puedo explicar pero que puedo transitar cómodamente. Si, me siento como pez en el agua, nunca mas armónica con las cosas que estoy haciendo. Es como si todo lo que soy estuviera, en una polifonía dislocada, funcionando en perfecta armonía.
Ahora pienso en voz alta, con notas musicales, en esta doble cualidad de cosa sofisticada y chica de barrio que me caracteriza y me encuentro cerca de una definición: mi música es una cosa grave y tristísima que a a la vez está plagada de chistes y de levedad. Me siento argentina hasta el caracú, amigos. No es esa una definición de la argentinidad? Esa gran bataola familiar de Domingo al mediodia, con reproches existenciales y llantos tipo "me arruinaste la vida" que se pulveriza en un instante porque alguien hizo una broma? Alguien quería postre?
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El ojo que esucha
El proceso de armado de la obra fue rápido, 6 días y pum, al escenario. Para una chica de Temperley fue una operación a corazón abierto. Además yo soy lenta y como dije antes, no puedo explicar mucho lo que estoy haciendo, por lo que los días previos al concierto me sumí en un maremandum existencial pobladísimo: sacando y poniendo mis emociones en distintos frasquitos, batiendo, mezclando... y finalmente vaporizando todo con una sonrisa de afuera para adentro que bien aprendida de yoga la tengo... si, claro, la bemol, si, perdón, esa nota no existe en el piano...
Mi amiga Ana María RodrÌguez, compositora, estaba de vista en Amsterdam, y me acompañó a los ensayos. Ana en una frase pudo encontrar una sintesis para poder agarrar mi música en este proceso de armado: "stimmung", la obra es una sucesión de diferentes "stimmung" -no hay frase en castellano aunque si en holandés, gracias a Dios, esta vez el idioma nos ilumino!. Es algo así como “humores” , estados de ánimo, atmósferas… un concepto bien decimonónico para una chica tan moderna como César y yo.
Siguiendo la idea de Ana de los humores, antes del ensayo general, les dibuje-escribi un papelito a cada músico con los distintos "stimmung" de la pieza, que leyeron silenciosamente quasi sin comentarios. Fue muy bonito ver a los músicos leyendo en silencio mi papelito... las cosas importantes están hechas de cositas, no?
El oído que habla
Después del concierto hablando con Koen, el trombonista del ensamble, él me sugirió agregar en la obra pequeños textos "a la Satie" describiendo situaciones. Y creo que es una idea brillante para este tipo de lenguajes, donde la obra de música es también como una obra de teatro, un texto a ser interpretado por los músicos, actores y/o personas de buena voluntad. Una indicación expresiva, desde "cantabile" hasta "dancing Beckett" ilumina (más "dancing Beckett", se los aseguro)
Nada. Aprendí mucho. Estoy muy agradecida con todos estos inputs, muy emocionada con la versión del concierto. Muy contenta con el camino que elegí en la música. Bien Ceci, te condecoramos con un 8 de oro (chiste para argentinos).
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