lunes, febrero 28, 2011

Cocktel

Algo nuevo, algo viejo, algo prestado, algo azul... para la nueva obra, en su justa medida. Y algunos pequeños errores aquí y allá, que son bienvenidos. Pauli, cuando vivía en Holanda decía: a mi me gusta tener algo un poco roto siempre en la ropa, me hace sentir bien.

Favoritos



sábado, febrero 26, 2011

Da capo al fine


La idea de la recapitulación textual en la música es una manera orgánica de redondear, volviendo al comienzo después de la deriva de la obra. El clásico final feliz.
Me gusta más cuando los elementos vuelven a aparecer en forma mas discontinua, en forma más errática, como los flashes del pasado surgen en un presente que no es tan lineal y que es siempre distinto.

Las recapitulaciones nunca funcionan del todo en estos tiempos. Se intenta repetir aquello que funcionó en otro contexto cuando una minima variación cambia todo de signo. A veces las variaciones mínimas son las que más pesan.

-Es un ser maravilloso… pero … por qué come todo con mayonesa? Lo lamento, no nos podremos casar!

Creo que las pequeñas cosas no son las que destruyen la magia del momento, sino que son las que evidencian el revés de la verdadera trama.

viernes, febrero 25, 2011

The cacharros in my life



Estoy trabajando con recursos atractivos en la nueva obra que estoy escribiendo: grabadores, micrófonos de juguetes, latas, etc. Pero al final del día, cuando la jornada termina y saco la vista de la inmediatez de las cosas, me doy cuenta que siempre todo se trataba solamente de la música: del fraseo, de la respiración, del ritmo, de la forma… sobre todo de la forma. Y los cacharros son iguales a los instrumentos sofisticados, o viceversa. Son todos secundarios. 

lunes, febrero 21, 2011

Cine en Diemen

Mirando Stanley Kubrick con Edu, mi compañero de piso. Decidimos ordenarnos y mirar pelis por director (a ver cuanto nos dura el propósito!)
Primero, “The shinning”.

En síntesis: los grandes maestros de la historia de la música en una trama abarrotada y un escenario cargadísimo me dejaron agotada. El diseño de las alfombras del hotel, y los modelitos de ella, se llevaron todos los puntos.

Dice Jacinta Pichimahuida:

-Puntaje: 5 

Hoy tocó Odisea 2001.
Es una película de fines de los sesenta. La música en esta ocasión, al contrario de en “El resplandor” tiene espacio-valga la redundancia tratandose de un film de ciencia ficción-; hay unos maravillosos video clips de naves espaciales danzando el Danubio Azul y monos golpeando huesos junto al timbalista de “Así habló Zaratustra”.  
La película comienza con negro total y música de Ligeti, Atmósferas. Luego tiene un intermezzo nuevamente en black out y más Ligeti. Me encantó el negro, la pausa, la espera, como creando un marco anti-imagen, para toda la fotografía y la deliberación artística obsesiva que vendrá después en la película. 
Lo mejor: hay unas escenas preciosas de silencio total, cuando los astronautas están fuera de la nave, flotando en el espacio. Es inquietante escuchar nada. Sentarse a escuchar algo, que es la nada. Como un anti-marco a toda esa música llena de sentido.

Siempre tengo la sensación que los 60/70 fueron décadas muchos más experimentales que estos conservadores 00/10, que nos toca vivir, donde somos unos locos domesticados y previsibles.

Puntaje: 8 

Cuando veo películas tan buenas, me dan ganas de componer (inmediatamente). Adiós!
Tic, tic, tic… pum… ay!... do!!!

martes, febrero 15, 2011


No estoy een realidad interesada en la mecánica de los grabadores, ni en las múltiples y sútiles aplicaciones que se pueden explorar (o se han vastamente explorado). Tal vez me interese sólo un poco su estética; me encantan los grabadores y disfruto muchísimo escribiendo para mis maquinas descajetadas. Pero debo aclarar que lo que realmente me interesa son las relaciones que los aparatos generan entre los instrumentos y la cinta, el tema de la copia, más que los paratos en sí; pero sobre me parece interesante la dimensión cotidiana de estos objetos, y por lo tanto la cercanía temporal que transmiten. Las cintas que usamos sugieren haber sido grabadas ahí mismo, tal vez en el mismo momento del concierto, por los mismos músicos.
No hay estudio de grabación, no hay procesos en el medio, no hay técnicos de sonido, no hay grandes inversiones. Lo podría hacer cualquiera.
Y cuál es la magia? Yo creo que nos asombramos del doble, como nos asombramos cada vez que nos miramos al espejo, o escuchamos nuestra propia voz grabada.

La grabación casera tiene condición de inmediatez. Tal vez en los 60 utilizar estos objetos tenian que ver con incorporar la pujante y novedosa tecnologia hogareña a la situación de concierto, sobre todo los norteamericanos, como John Cage. Hoy, creo, que estos aparatos tienen más que ver con el descarte, los desechos de la sociedad de consumo. En los 60 un tocadisco representaba el futuro,el progreso; hoy, lo obsoleto, lo nostálgico.

Estas experiencias con las grabadoras en mi música no funcionarían si el ensamble estuviera amplificado, o los aparatos tuvieran sonido de sala.
Lo importante es que las fuentes en vivo sean naturales y que las fuentes grabadas vengan a través de un aparato con autonomía, con voz propia; eso en teoría diferenciaría los dos mundos, el nuestro y el de atrás del espejo.

Por el momento estoy centrada en la búsqueda de estos duplicados, de estos rebotes de lo mismo en el espejo de la cinta. No le encuentro sentido a grabar sonidos distintos a los que se podrían producir en la situación en vivo. Me gusta que en los tapes se escuchen los mismos instrumentos, los mismos performers, las mismas voces, los mismos clicks. Me interesa también traer situaciones del backstage (contar, solfear, repetir, equivocarse), por develar el rev´´s de la trama y sobre todo porque el backstage nos retrotrae a la situación temporal anterior a la performance, cuando se ensayaba la obra. Es el pasado inmediato de la obra.
Si, lo vuelvo a decir, los grabadores son como máquinas del tiempo... rebobinamos un poco más y nos encontramos con nuestra infancia.

domingo, febrero 13, 2011

Volveremos... y seremos...?


Estoy, una vez más, escribiendo una obra para grabadores, donde los grabadores funcionan como espejos de los instrumentos en vivo. Además todos los ruidos de grabación y clicks de reproducción se hacen evidentes en la obra, y el proceso, y el back-stage son incorporados a la obra… bla bla bla… . los cantantes tienen micrófonos de plástico e hilos colgantes amplificados con latas. Más bla bla bla. Escribo una partitura detallada para todas las acciones como un gran story board. Y me pregunto, volviendo a Cage y a los americanos posteriores a él como Alvin Lucier… pa qué? 

Miro partituras de la década de los 60 cuando la electrónica comienza a irrumpir en la notación musical, como las lindas y ambiguas partituras de Globokar, y creo que mis partituras son muy parecidas a las de esa época, en formato, especificaciones… Pienso en John Cage y la utilización de objetos cotidianos en la situación de música de cámara y me veo claramente reflejada en él pero ahora. Es evidente que mis últimas obras están ancladas en la nostalgia de los medios analógicos, sean un grabador a cassette o una batidora eléctrica. La notación también respira una nostalgia de pluma de tinta y de story board detallado, como todas estas obras. Típico.

Las influencias (o la angustia de las influencias) siempre son una pregunta abierta, también en la música… hay que empezar, inevitablemente de algún lugar, sea cual sea.

Creo que estoy poniendo un pie en este mundo sesentoso, porque los objetos tienen para mi la significación de haber sido los protagonistas de mi infancia. Los tocadiscos, cassettes, etc, son una historia para mi más vívida que las sonatinas para piano de Clementi.

Y que haré con esta nostalgia? A qué presente me retrotrae? Son preguntas abiertas. Tengo la esperanza que las obras vayan contestando estas preguntas, o vayan dialogando con estas influencias. Es un proceso que sigue un proceso interno que es inmanejable. No me molesta la emulación de otra época. Pero si me angustia la maqueta, esconderse en otros lenguajes, volver a pisar la misma huella. La nostalgia es una palabra que se refiere a un presente, devorado por un pasado omnipresente. 



Apuntes de la cocina macrobiótica


La salsa le da un toque de intensidad al arroz plano, y se convierte en protagonista. Es bueno disfrutar de una linea de sentido en un espacio despojado. Se parece a la obra que estoy escribindo, donde la gamba tiene un momento de intensidad mientras el coro hace la plancha, como el arroz. Qué sería de la salsa sin el arroz, queridos cantantes!


La macrobiótica, que viene de la cocina japonesa, disfruta de incluir en sus platos texturas parecidas al papel: alga nori, papel de arroz comestible, kombu. Cuando era chica recuerdo que me regalaron un caramelo japonés, el cual había que comerlo con papel y todo. Me pareció una cosa muy moderna y muy antigua a la vez. 

La comida es una ceremonia, llena de colores, aromas, sonidos y emociones. Un conglomerado de pequeñas cosas que nos hacen felices. Una parte de ese ritual, mínima,  se puede comer.


Pintar cuidadosamente la sartén, con una capa finita de aceite, (aceite en otros idiomas se dice óleo). Cuando esté los suficientemente caliente.  colocar las verduras en la sartén,  cuidadosamente cortadas y combinando bien los colores para tener mejor balance de nutrientes.

Cuando Mercedes me vino a visitar le sacabamos fotos a cada uno de los platos que ella hacía, y después, comíamos muy lentamente... masticando... como si estuvieramos meditando la comida. La masticación es una actividad amplia, cuyo proceso incluye, a veces, la comida.

Tragate esta píldora!

Macrobióticos

miércoles, febrero 09, 2011

Poesía ... eres tú!

Cómo escapar a la propia boludez? No digo en la vida diaria, donde este epíteto se convierte en un don preciado, en una gran virtud y fuente de felicidad propia y ajena. Hago la pregunta en una situación no íntima, cuando uno se planta ante otros para mostrar algo.

Pensé para mi nueva obra

1. Los músicos van entrando al escenario de a uno, ya que el comienzo de la obra es aditivo...que feo! Adrián muy bien me señalo, con elegancia y delicadeza, que no esta bueno ver a los cantantes caminando, desplazandose en pie puntillas por el recinto largando algunas notitas aquí y allá. Es una idea boluda, no hay duda. Me imagino mi carita de picardía embobada a la hora de escribir eso.

2. El concierto se va a hacer en una iglesia impresionante, en Noruega. Buenísimo! Los pobres cantantes se van a desplazar por el espacio armando una textura tipo nube. Feo! Menos mal que no existe la teletransportación, como bien quería inventarla Stockhausen para desplazar coros a distintos planetas, porque se me hubiera ocurrido algo mucho peor.

3. El mundo de la música antigua es modal, el contemporáneo es cromático. No!! A marzo del 2020!

4. Hay un vocabulario extenso de tics musicales adquiridos a revisar: textura, ornamentación, nube de puntos, colores, glisandos, notas extremas, técnicas extendidas, susurros colectivos. El supermercado de la música es nutrido en preseteados.

"El pensamiento es una autopista a la tristeza, boludo!" - Peter Capusotto y sus videos, temporada 2010.

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...mudos dos veces...

Recuerdo cuando era adolescente y leí por primera vez en la escuela "La vida es sueño" de Calderón. Tenía 14 años y la visión del mundo en verso de Calderón me emocionaba profundamente, poniéndome en sintonía con un mundo de "estremecimientos" y "temblores". En esa época yo vivía en verso. El mundo era un poema y su vivencia, declaradamente poética.
Con el paso del tiempo me incliné hacia una versión de la realidad despojada, me enamoré literalmente de lo blanco, lo simple, con una mirada declaradamente antipoética. Decir que algo es poético -como la música de Sciarrino- se volvió un insulto. Pensar en comparaciones y metáforas para referirse indirectamente a algo, se volvió algo rebuscado, ornamentado, y parafraseando a Nono, algo burgués (Nono odiaba los trinos en su música porque eran símbolo de un adorno superfluo). El humor siempre me pareció una forma eficaz de ahuyentar el almibar de la poesia, prefiriendo las moscas a la miel.
Ahora, en la penumbra de la noche que antedece al sueño, en ese limbo viejo de tiempo donde el hoy es ya pasado y a la vez puras expectativas por el después, me encuentro leyendo Sor Juana Inés de la Cruz para un nuevo proyecto.
Y me volví a emocionar hasta las lágrimas. Como cuando era chica y me abismaba tirada en el pasto, mirando las copas de los árboles desde abajo, movidas por el viento.

Dice Sor Juana:

Sosegado ya el viento, y dormido el can, éste yace, y aquel --en absoluta quietud-- no mueve ni aun sus propios átomos, temiendo hacer, con su ligero susurro, algún sacrílego rumor que, aunque mínimo, profane o viole la sagrada calma nocturna... El Mar, apaciguado su tumulto, ni siquiera mecía sus olas, que son la azul y móvil cuna en que duerme el Sol... Los Peces, siempre mudos, y ahora dormidos en sus lamosas grutas submarinas, eran mudos dos veces...

lunes, febrero 07, 2011

Amigos de lo gratis


Estuve esta última semana ocupada con mi mudanza a las afueras de Ámsterdam, a un barrio llamada Diemen. Y me enfrenté al placer maravilloso de tirar montones de cosas: apuntes, fotocopias, ropa, zapatos, frascos y frasquitos, libros, mi Dios, que fetichista!; ollas, condimentos, almohadones, electrodomésticos…
Lo mismo hago con la música que estoy escribiendo… limpiar, sacar, tirar… necesito un batidor de leche para el capuchino? porqué entra el dulcián después de la gamba? la obra completa de Shakespeare en inglés edición de bolsillo? 4 cantantes? Diccionario chino inglés? una frase de tres minutos?
Uno va al super y compra tres kilos de café al precio de dos, cuando uno quería con suerte uno… y ya que tenemos el dulcián y toca bien, le damos una parte virtuosa…
El amor por lo gratis es siempre carísimo. El amor por lo necesario es más sustancial, aunque lo necesario sea ese anillito de oro que tanto nos hacía falta…