miércoles, julio 22, 2009

Prrrr

Estoy haciendo un entrenamiento especial de Bikram yoga que consiste en tomar clases por 100 días ininterrumpidos, sin faltar ni un solo día, ni por lluvia, enfermedad, picnic, concierto, whatever. Si un día no puedo ir, al día siguiente tengo que ir dos veces en el mismo día, cosa que significa un esfuerzo considerable. 
Voy por el día 66. Dos tercios. Muchas cosas me han pasado estos 66 días, que no pasaré a detallar porque yo misma me muero de aburrimiento de sólo escuchar el tipeo: en el día 45 se te afloja la cadera, y el día 57 se te abren las emociones y el día 25 aprendes a respirar… en fin, mundos privados.
De más está decir que estoy encantada con el Bikram yoga. Me siento cambiada. Aunque me sienta mucho mejor, en un punto estoy cambiada para mal, y digo cosas todo el tiempo del estilo “cambiar la energía”, “que las cosas caigan bajo su propio peso” , “hay que pensar esto de manera más holística”, y ni hablar de "ser más flexible". etc, etc. Y en una de esas, si estoy con las defensas bajas, hasta soy capaz de ilustrar el comentario haciendo una torsión de espalda (para simbolizar el pasado, por ejemplo). Cuando era chica y estudiaba filosofía en la UBA era más intelectual, no me enganchaba en cuerpo y alma en un pensamiento esotérico tan sin bibliografía. Ahora creo que estoy un poco comida por la inmediatez de las cosas… ¿estaré un poco aturdida tal vez?
Y hablando de aturdimiento, muchas veces me veo como compositora desde afuera, y creo que soy una compositora muy intelectual. Tengo una conexión con la música muy mental, surcada de lecturas, de conceptos, de razones y de literatura, cuando hay compositores que piensan en escalas y notas y tocan instrumentos y se la pasan canturreando cositas todo el día. Sí les preguntas algo de una obra te contestan: y sí, agregué una tuba porque necesitaba un bajo… bom bom bom...  la obra habla de subir una montaña y la escala desciende, ja ja já! … sol fa mi re do... y se imponían unos tresillos... pum pum pum-la la la, te das cuenta? A mí me parecen compositores de Marte (lo digo desde un Venus verde de envidia).
¿Será que las verdades más simples son las que se dicen de forma más cursi? ¿Y la música no tiene explicaciones? ¿Y entonces, en esta orquesta, yo, que pito toco?

A mi me parece que lo más interesante de lo que yo hago a nivel musical es lo que no sé, lo que no me propuse, aquello de lo que no soy muy consciente, aquello que escapa a mi control... aunque necesito de lo otro para lograrlo. ¿Será así?

Chin pum

jueves, julio 02, 2009

Power flower


Y si pensamos que el mundo es una categoría elástica que sí se puede cambiar? Y si se vuelve a creer en las soluciones colectivas y no en la salvación individual y modesta?
No hay mejor momento para pensar en el cambio que cuando todo parece cerrado.

Copy-right o el derecho a copiar

Hablando ayer con Abel acerca del copyright de las ideas, me quedé pensando en todas esas ideas que en realidad no son de nadie, que de alguna manera están "en el aire" y para las cuales el copyright intelectual no se aplica (en caso de que admitieramos la existencia del copyright!).
En realidad yo creo que las ideas en general son colectivas, pertenencientes a un grupo de referencia, a una época, etc. Muchas veces esa cosa de "ser el primero" en hacer algo, tiene algo más de rapiña que de adelantado a su tiempo (o a los otros). Preparados, listos, ya! Ganó Morty, segundo Stocky!
Si bien las ideas son bastante más generales de lo que nuestros egos admitirían, lo que son totalmente individuales son las responsabilidades: qué hace uno con "eso" que está en el aire y cómo. Y ahí sí, estampamos firma, número de documento, foto, huella digital, ADN.

Listen to me

`What a curious feeling!' said Alice; `I must be shutting up like a telescope.'
Alice taking "Drink Me" bottle

En La arquitectura del aire, mi pieza para órgano, una melodía de 12 compases se expande a razón de una corchea por compás. Los compases se empiezan a estirar y la última nota de la melodía se comienza a repetir.
La última nota repetida, como una resonancia, se desplaza de la marimba a un hoquetus de los tres instrumentos (segundo percusionista y órgano) , por lo que el espacio no sólo se expande temporalmente (la melodía es cada vez más “larga”) sino que la melodía se despliega paulatinamente entre los tres instrumentos en un espacio "real".
La idea es trabajar un espacio fluctuante con materiales musicales: el teatro de los compases, del ritmo, de las articulaciones, de las dinámicas. El teatro de las notas.
Después la melodía se empieza a achicar, en espejo.